Te mandaría una ceniza apagada,
como las que posee mi corazón lastimado,
para no quemarte, para no prenderte,
sobre todo no quisiera lastimarte,
prendido quedo de ese pecho que dio de mamar
a ésta mi única razón de vivir,
que vos os empeñasteis en arrancar de mí,
el destino, curioso aliado de la verdad sin espinas
me devolverá mi esencia, mi virtud,
mi trozo de aire del que aspiro,
mi alma, mi ente, mi realidad,
Mi niña, con un posesivo delante.
Nada ni nadie cambiará,
éste mi destino a su lado más opuesto,
lo simple es verte y saber que te quiero como no he querido,
la prueba de ello es ello, el verte y sentirte como te siento.