Vulcano.
Volcán que gritó su silencio milenario,
Y extendió un vil sudario por toda una ciudad,
Temblorosos mis pies por estas calles calcinadas, ruinosas,
Perpetuadas en el tiempo y en la infernal historia,
Todo parece retocado por los reconstructores,
Para que el turista disfrute de un pueblo,
De almas moribundas que no se van con el viento.
Yo me siento a observar unas momias,
Que tienen metidas en unas tumbas de cristal,
Curiosamente son de niños,
Para darle más perturbación al lugar.
No comparto lo visto ni lo hecho,
Pero, ¿quién soy yo sino un turista más?.
Mírale,al verdugo de rostro imperturbable, erguido y erecto,
Protegido por las nubes que anidan a su alrededor,
Coronando al excelso Cesar.