Proseguí esta senda dilapidada,
que el tiempo devoraba en mí contra,
yo hablando de mí mismo.
Fui el percusor que dio movimiento a la bala
que me hace recorrer estos sinuosos laberintos
de mal gastada soledad;
la solución no pasa por dejarse llevar y dormir en cualquier lupanar,
ni en el bendito-maldito Ron que me abisma,
hasta tocar en la puerta de las iglesias pensando,
¿qué soy yo?
no se sabe cuando comenzaron estos letargos,
pero rápido se enraízan hasta el fondo del ser,
y como la vida marca.
El loco cada día es más loco,
el egoísta más egoísta,
el solitario…camina hacia la anacoresia.
Palabras que sangran en el envés de mi corazón,
Versos que escribo con más pasión
de la que puedo retener en mi interior.