Adiós,
al fuego que me despide ardientemente del sitio
al fuego que me despide ardientemente del sitio
que ocupo desde la decadencia, de los estados
de la emoción, cansados del tren de los recuerdos,
de la empírica familia retorcida en el pretérito y,
la imposición de las cosas mal embutidas en los
de la empírica familia retorcida en el pretérito y,
la imposición de las cosas mal embutidas en los
cráneos perjudicados por un viento recíproco y eterno.
Adiós,
estulticia que me has atrapado tanto tiempo en tus
Adiós,
estulticia que me has atrapado tanto tiempo en tus
urdimbres retóricas a base de placebos insolubles,
pero eficaces, como la voluptuosidad o la embriaguez alcohólica.
¡Adiós!
A ese Dios,
y a sus representantes que maltratan a la ignorancia y a la libertad,
sin piedad.
Adiós,
adiós,
mas siempre
atroz.
pero eficaces, como la voluptuosidad o la embriaguez alcohólica.
¡Adiós!
A ese Dios,
y a sus representantes que maltratan a la ignorancia y a la libertad,
sin piedad.
Adiós,
adiós,
mas siempre
atroz.