Esas manos de sólo tuétano, lívidas y famélicas
jamás lloraron sobre su piel,
Tristán triste Tristán.
Ese corazón que sus manos sostienen
escindido por una sima abismal
jamás se consuela,
Isolda sola Isolda.
Tristán e Isolda marchitados por siempre
desde las garras de un pintor nebuloso,
que busco el amor eterno en si mismo.