Tengo miedo al oscuro laberinto que, que se empeña en guardarte,
sé que nada puedo hacer por atraerte al exterior,
aún sigues queriendo formar parte de él.
Tengo pena y sigo hablándote desde aquí afuera.
Tengo paciencia y eso me destruye, pero sé que tu aliento abrirá mis ojos en otros mañanas.
Tengo tu olor hendido en mi pecho sinfín.