-
Vórtice que me sube a el vértice,
donde muere lo nunca y mi vértigo.
Vórtice del que no puedo salir, vestido de domingo.
Vértice al que nunca escale, vasallo de mi ser.
Vértigo a la nada y al vómito,
y a este virus del esté de mi tálamo,
que se desplaza en góndola oxidada
chirriando igual que un violín sodomizado.