En los lagos en llamas que cubren la nada y el silencio,
todo es sombra cálida sombra.
En épocas pretéritas y ahora, las ruinas y sus runas roen los rostros.
Los rostros sin rictus.
Esta noche que lo solo me acompaña y el dogal de la horca me perdona, voy a salir entre o a través del vacío de nunca.
No temo a la edad por la ignorancia de ella, temo a la vaciedad por lo que sé de ella.
Quiero morir ahora que aún estoy a tiempo.
Estas ultimas palabras son dedicadas, delicadas y suyas,
a el secreto que dejo este sabor a oxido en mi lengua.