Nunca fui capaz de comprenderte
no te miraba con mis ojos
ni te besaba con mis labios
ni te acariciaba con mi piel.
Ahora al comer un fruto o al beber agua
o mirando un amanecer sentado al roce de un árbol,
sé,que para comprender hay que querer.
Hoy lagrimas hienden mi piel
junto al río argentino.