Hordas armadas de paciencia para buscar la perla negra, en esta marabunta de calles, idiomas y razas, inconexas entre sí, mandíbulas gigantes en forma de puestos que devoran al timorato que detiene sus andares. Y su mirada, entre los objetos lúgubres, el oxido, la vejez, lo añejo, todo esto cuesta más que lo flamante. Victorioso, cada uno se lleva su tesoro, que se morirá en una repisa, en un cuarto o un trastero olvidado y húmedo. Yo creo que las cosas no se quieren ir de aquí, que es donde se sienten vivas, aduladas y valoradas. Mis ojos se paran en un casco, debido a que mi amigo el "Capitán" tiene una colección de ellos y hace poco me regalo uno. Me informo sobre el casco que ha detenido mi mirada, es de la guerra civil española, me lo ponen en las manos para que compruebe, según el vendedor, su autenticidad, creyendo que yo entiendo de cascos o de guerras. Yo pierdo la mirada en el interior del casco manchado de sangre, mi mente se pierde divagando en su rojo interior."peregrino y poeta fui y vine a dejar mi firma de muerte con tinta de sangre en este mísero cubresesos 13/o3/1938, F. tejedor.”Gracias, pero sólo quería echarle un vistazo. Estas calles descuartizadas sin stop ni ceda el paso, el empellón acomoda el tráfico. El “perdone” no existe en esta cultura Rastrera. Los despojos que no se vendan y que no merezcan la pena transportar para volver a traer el siguiente domingo,se quedan decorando las aceras de este cementerio viejo a la hora de partir. Hoy creo haber encontrado un tesoro. “El diccionario del diablo”.domingo, 23 de septiembre de 2007
Sin Rastro y rastreando
Hordas armadas de paciencia para buscar la perla negra, en esta marabunta de calles, idiomas y razas, inconexas entre sí, mandíbulas gigantes en forma de puestos que devoran al timorato que detiene sus andares. Y su mirada, entre los objetos lúgubres, el oxido, la vejez, lo añejo, todo esto cuesta más que lo flamante. Victorioso, cada uno se lleva su tesoro, que se morirá en una repisa, en un cuarto o un trastero olvidado y húmedo. Yo creo que las cosas no se quieren ir de aquí, que es donde se sienten vivas, aduladas y valoradas. Mis ojos se paran en un casco, debido a que mi amigo el "Capitán" tiene una colección de ellos y hace poco me regalo uno. Me informo sobre el casco que ha detenido mi mirada, es de la guerra civil española, me lo ponen en las manos para que compruebe, según el vendedor, su autenticidad, creyendo que yo entiendo de cascos o de guerras. Yo pierdo la mirada en el interior del casco manchado de sangre, mi mente se pierde divagando en su rojo interior."peregrino y poeta fui y vine a dejar mi firma de muerte con tinta de sangre en este mísero cubresesos 13/o3/1938, F. tejedor.”Gracias, pero sólo quería echarle un vistazo. Estas calles descuartizadas sin stop ni ceda el paso, el empellón acomoda el tráfico. El “perdone” no existe en esta cultura Rastrera. Los despojos que no se vendan y que no merezcan la pena transportar para volver a traer el siguiente domingo,se quedan decorando las aceras de este cementerio viejo a la hora de partir. Hoy creo haber encontrado un tesoro. “El diccionario del diablo”.