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Esta música de solo piano
atrapa el barro de mi yo,
que en la oscuridad de esta habitación levita entre sufrimiento y placer.
Los miembros que flagelan las teclas, producen el sonido que agradece la muerte del silencio amarillo.
El silencio amarillo es, curioso lector, solo silencio, única y exclusivamente silencioseo.
P.D. A la causante de este escrito, una cosa quiero decir que nunca sabrá.