Del viviente ser querido que en llamas solloza tu muerte
Viene la muriente luz que refleja el espejo en el cual las caras
quedaron perpetuadas como el pasado
Del silente campo santo llegan las voces de la flores en pena
arrancadas de su nutriente tierra
Y de los muros sólo nos quedan los arañazos de la derrota de la desidia
Entre estas situaciones no me queda otro camino que elegir.